Profesor de guitarra para niños: Por qué el 90% de los padres fracasan al elegir
Escrito por Andrés Ospina (yo)
Publicado en Marzo 21 2024

Profesor de guitarra para niños: Por qué el 90% de los padres fracasan al elegir

El 90% de los niños que empiezan a tocar guitarra renuncian antes del primer año. ¿La razón? No es que al niño le falte “talento”. La razón es que sus padres —es decir, tú— eligieron al profesor equivocado o empezaron en el momento incorrecto.

(Y hablando de momentos, si crees que meterlo a clases a los 4 años lo convertirá en Mozart, estás a punto de tirar tu dinero. Lee esto antes de cometer ese error: ¿Cuál es la edad ideal para aprender a tocar guitarra?. Spoiler: Probablemente es muy pronto).

Pero volviendo al tema: Seguramente pensaste: “Busquemos a alguien joven, chévere, que toque rock y que no cobre muy caro”. Error. Acabas de contratar a un tipo que toca bien, pero que no tiene ni la más remota idea de pedagogía. O peor aún, contrataste a una niñera con guitarra.

Si quieres que tu hijo realmente aprenda música y no solo a sostener un instrumento para la foto de Instagram, necesitas dejar de buscar “clases divertidas” y empezar a buscar educación musical.

Esta guía no es para hacerte sentir bien. Es para evitar que tires tu dinero a la basura y frustres a tu hijo de por vida.


El mito del “Profesor Chévere” y por qué es peligroso

El error número uno de los padres es buscar un amigo para su hijo en lugar de un mentor.

Sí, la química es importante. Si el niño le tiene miedo al profesor, no va a aprender. Pero hay una línea muy delgada entre ser empático y ser un payaso.

Un profesor que se pasa 45 minutos de la clase preguntándole al niño sobre sus videojuegos o dejándolo “improvisar” sin estructura (ruido), te está robando.

La verdad incómoda: Un buen profesor de niños es estricto. Tiene estándares. Exige atención. No está ahí para caerle bien a tu hijo todo el tiempo; está ahí para enseñarle que la disciplina trae recompensas. La verdadera diversión en la música no viene de reírse en clase, viene de la satisfacción de dominar una habilidad difícil.

Si el profesor no corrige la postura desde el día uno porque “pobrecito, se va a aburrir”, está condenando a tu hijo a una lesión o a un estancamiento técnico en el futuro.

Las 3 Banderas Rojas: Huye si ves esto

Antes de pagar un mes de clases, pide una clase de prueba y observa como un halcón. Si ves alguna de estas cosas, corre.

1. El “Improvisador” (Sin Plan de Estudios)

Si le preguntas al profesor: “¿Qué va a aprender mi hijo en los próximos 3 meses?” y te responde con vaguedades como “vamos a ver cómo avanza” o “depende de lo que él quiera tocar”, HUYE.

Un profesional tiene un mapa. Sabe exactamente qué ejercicios de motricidad fina necesita un niño de 8 años vs uno de 12. Sabe qué canciones enseñan qué conceptos. Si no hay plan, no hay progreso.

2. El “Virtuoso” que no sabe explicar

Que el tipo toque como Slash no significa que sepa enseñar. De hecho, a menudo es lo contrario. Los genios naturales suelen ser pésimos profesores porque no entienden por qué al alumno le cuesta tanto.

Si el profesor explica algo una vez, el niño no entiende, y el profesor simplemente lo repite más alto o se impacienta, no sirve. Un buen pedagogo tiene 10 formas diferentes de explicar el mismo concepto hasta que hace “clic”.

3. La “Niñera Musical”

Si la clase es 80% juego y 20% música, estás pagando una guardería muy cara. Si solo quieres que se divierta, cómprale una tablet y bájale una de estas 10 apps imprescindibles para aprender a tocar guitarra; te saldrá más barato. Pero si pagas por clases, exige pedagogía.


Preguntas que hacen sudar a los malos profesores

No contrates a ciegas. Entrevista al profesor. Si es bueno, apreciará que te tomes la educación en serio. Si es malo, se pondrá nervioso.

  1. “¿Cuál es tu política sobre la práctica en casa?”
    • Respuesta correcta: Debe darte una guía clara de cuánto y cómo practicar (ej: “15 minutos diarios supervisados”).
    • Respuesta mediocre: “Que toque cuando tenga ganas”. (Spoiler: Nunca tendrá ganas al principio).
  2. “¿Cómo manejas la frustración del alumno?”
    • Respuesta correcta: Estrategias específicas para dividir tareas difíciles en pasos pequeños. Validación emocional pero con empuje a seguir intentando.
    • Respuesta mediocre: “Cambiamos de canción a algo más fácil”. (Esto enseña a rendirse ante la dificultad).
  3. “¿Utilizas algún método reconocido?”
    • Respuesta correcta: Suzuki, Kodály, Yamaha, o un método propio documentado.
    • Respuesta mediocre: “Yo enseño a mi estilo”. (Traducción: Improviso sobre la marcha).

Tu responsabilidad como padre (La parte que no te va a gustar)

Aquí viene el golpe de realidad: El éxito de tu hijo depende un 50% del profesor y un 50% de ti.

Muchos padres usan las clases de música como un “drop-off”. Dejan al niño, se van a tomar un café y esperan que en un año sea Mozart. No funciona así.

Aprender un instrumento es difícil. Es frustrante. Duelen los dedos. Al principio suena horrible.

Tu trabajo no es pagar la clase. Tu trabajo es:

  1. Garantizar la práctica: Un niño de 7 años no tiene la autodisciplina para practicar solo. Tú tienes que sentarte con él. Tienes que crear la rutina.
  2. No permitir la renuncia fácil: El niño querrá renunciar cuando se ponga difícil. Si le permites dejarlo a la primera señal de incomodidad, le estás enseñando a ser un perdedor en la vida.
  3. Comprar un instrumento decente: No le compres una guitarra de juguete de supermercado. Es imposible de tocar, se desafina y suena mal. Eso mata la motivación. Si no vas a invertir en un instrumento tocable, mejor no inviertas en clases.

Lo barato sale caro

Un buen profesor de guitarra para niños no es barato. Ha invertido años en aprender no solo música, sino psicología infantil.

Si el presupuesto no te da para un particular de nivel, no contrates basura. Mejor busca una buena academia (aquí tienes 3 alternativas para tomar clases de guitarra en Bogotá) o espera a poder pagarlo.

La educación musical es una inversión en el cerebro y el carácter de tu hijo. Hazla bien o no la hagas.